No es un pájaro, no es un avión… son las consecuencias de elevar a Milú y Schanulleke al rango de personajes centrales

Adriana I. Churampi Ramírez

La mayoría de las tiras cómicas construyen historias alrededor de protagonistas centrales, sin importar sus características reales o imaginarias, su poderío o sus capacidades; este personaje dinamiza la aventura convirtiéndose en el foco de la atención. En ellos se sintetizan ciertos valores que la historieta considera positivos y que intuye resultarán ejemplares al ofrecerlos al público, de allí que concentrarlos en los héroes garantice el atractivo y la popularidad de la aventura narrada.

Tintín (Kuifje) reina en el olimpo de las tiras cómicas belgas. Menos conocidos pero también muy populares son Bob y Bobette (Suske y Wiske). Sus aventuras continúan alimentando el imaginario infantil –e incluso aquel no tan infantil– de nuestro tiempo. Las aventuras de estos personajes abarcan una amplia gama de episodios ciertamente fascinantes, a juzgar por su persistente popularidad. Asistimos a viajes por lugares lejanos y desconocidos, sin importar el tiempo o la geografía, encuentros con personajes históricos, fantásticos o inventados, la continua lucha contra las fuerzas del mal sobre las que siempre triunfan gracias a una dosis de inteligencia y astucia, e incluso de vez en cuando una que otra jocosa escena de violencia.

Nuestro texto, sin embargo, se concentrará no tanto en los héroes indudables, sino más bien en quienes se movilizan a la sombra de estas estrellas, en los infaltables acompañantes. En el caso de Tintín, el fox terrier blanco Milú (Snowy) y, en el caso de Suske y Wiske, la apreciada muñeca de trapo Muffin (Schanulleke) que Wiske lleva consigo a donde vaya. Pese a ser protagonistas secundarios, no es poca la atención que han recibido estos leales compañeros. En el caso de Tintín se afirma que Milú expresa la mirada crítica ante las aventuras de su dueño, manifestando su escepticismo con gestualidad perruna o con ladridos. Incluso en las primeras historietas se permitía al lector acceder a sus opiniones o su abierto desacuerdo, expresado en las burbujas que daban acceso a su pensamiento. Sus observaciones, que intentan manifestar advertencias ante la osadía de Tintín, están plenamente justificadas ya que a menudo Milú se convierte en víctima colateral de las proezas de su dueño.

Schanulleke desempeña en cambio un rol más pasivo, quizás por tratarse de una muñeca de trapo. Su protagonismo radica en el intenso apego que Wiske siente por ella, un cariño compartido con los demás personajes, quienes no dudan en afrontar riesgos si se trata de rescatarla. La muñeca misma es inexpresiva, a diferencia de Milú, y es Wiske quien al dialogar con ella e incluso actuar dando a entender que obedece sus consejos u opiniones le concede protagonismo a Schanulleke.

La construcción de aventuras en las historietas gira alrededor de un eje: la lucha entre el bien y el mal. Este enfrentamiento requiere la creación de una otredad que debe ser evidentemente antagónica de modo que el lector pueda percibirla con claridad. Las tiras cómicas, como su nombre indica, cuentan con espacio limitado y se sustentan en imágenes más que en diálogos. Estos, a su vez, deben ser cortos a fin de conseguir con rapidez, en una sola mirada, informar, convencer o animar al lector a involucrarse en la aventura. La complejidad de este proceso hace que muchas veces no quede otra opción que recurrir a la simplicidad, echando mano de los estereotipos, que vienen a ser imágenes superficiales, poco críticas e incluso falsas sobre conceptos por definición más complejos.

En la historieta, los personajes centrales habitan una cotidianeidad descrita de tal modo que pueda ser fácilmente reconocible. De esa manera, cuando el lector se enfrente a los valores, las historias y los dilemas presentados, simpatizará con aquello que le es familiar. Este punto de partida resulta fundamental, ya que será desde este lugar de enunciación desde donde los personajes partirán a enfrentar otras culturas, personajes o situaciones, que precisamente al ser comparados con el terruño resultan “diferentes”, “otros” o “extraños”. Construir esta constelación no es tarea sencilla ya que a mayor reconocimiento aumentan también las expectativas sobre el desempeño de los héroes. El público lector –infantil o no– se verá confrontado con situaciones destinadas a sorprenderlo o desconcertarlo, ese será el objetivo al describir escenarios caóticos, impenetrables o simplemente ajenos y desconocidos. Se impone entonces la necesidad de una explicación, una intervención o incluso el planteamiento de una solución: esa será la tarea del protagonista central. El relato puede ser visto entonces como un viaje durante el cual el orden y la armonía, cuidadosa y lúdicamente alterados, deben ser restituidos. Cuando llegamos al final de la historieta, el camino recorrido no solo confirma el talento de los protagonistas, sino que refuerza también ciertas definiciones que han sido, más o menos, sutilmente presentadas. Los valores positivos sugeridos –bondad, respeto, consideración, tolerancia y amor por los demás– avanzan interconectados con la conducta y las acciones de los héroes. De esa forma se validan también, junto con los acontecimientos de la aventura, la internalización de modelos de solución de enredos, el castigo por las malas acciones, la restauración de la armonía, la reparación de desarreglos o el establecimiento de alianzas que garantizan la ayuda o el apoyo a quienes se describen como los desheredados, abandonados o lastimados en la historieta.

Los ejemplos que presentaremos en este texto nos permitirán analizar las posibles consecuencias de la alteración de los roles secundarios que Milú y Schanulleke desempeñan en las aventuras de Tintín y Suske y Wiske.

DOS TÓTEMS GENIALES (Twee toffe totems)

Esta historieta narra un enfrentamiento generacional entre Suske y Wiske y los personajes adultos que no logra resolverse y continúa escalando. Incapaces de concluir quién debe ceder ante el conflicto, se solicita la ayuda del sabio Barabás. Este, con la ayuda de su máquina del tiempo, los transporta a una remota región –lo que hoy es Canadá–, en los tiempos en que era una zona habitada por los habitantes originales: los iroknizen1. Cuenta la leyenda que en ese lugar se erguían un par de tótems que representaban la juventud y la vejez respectivamente, de modo que los protagonistas deciden acudir a solicitar consejo sobre su desacuerdo. Los habitantes iroknizen son claramente reconocibles desde su primera aparición. La escena nos muestra a un indígena tendido bajo un árbol, durmiendo. Los atributos que lo identifican como tal pertenecen al estereotipo tradicional creado para representar habitantes de culturas originales: semi desnudos, con tocados y atuendos de plumas, pieles oscuras, portando armas elementales al cinto, agrupados en comunidades habitando tipis, usando un lenguaje entrecortado y construido de forma peculiar y organizados de manera “extraña”, en este caso un matriarcado caracterizado por una inversión de los roles tradicionales de género2.

Los problemas se inician cuando Suske y Wiske observan a Toe-Bib, el curandero del pueblo, que incapaz de curar a una niña anuncia a la madre el pronto fallecimiento. Ante un descuido de los adultos Suske y Wiske le dan a la enferma una pastilla contra la fiebre y le prestan a Schanulleke para distraerla. Al regresar la madre y Toe-Bib y ver recuperada a la niña concluyen que la muñeca es milagrosa. Semejante evento alarma a Toe-Bib quien siente amenazado su prestigio y estatus en la comunidad. Decide entonces eliminar a Schanulleke. La secuestra y cuando, atada a un poste, se dispone a sacrificarla de un hachazo, las mujeres del pueblo, junto con Suske y Wiske, la rescatan.

LA OREJA ROTA (Het gebroken oor)

La oreja rota narra el viaje de Tintín a territorio arumbaya, un grupo indígena que habita a lo largo del río Baduyaral, en la república sudamericana de San Teodoro. Tras participar en predecibles acontecimientos característicos del lugar –golpes de Estado, fusilamientos fingidos, encuentros con enloquecidos dictadores y luchas limítrofes entre países–, Tintín se interna en la selva, poblada por animales descomunales y desconocidos –tapires, boas y caimanes– en busca de los arumbayas. En la jungla recibirá ayuda de un antiguo descubridor que habita el lugar ya que decidió quedarse a vivir en esas tierras. Juntos se enfrentan a los enemigos de los arumbayas, los bíbaros3, temibles reducidores de cabezas que habitan las profundidades de la selva amazónica. Estos, sorprendidos por un animal tan extraño como Milú, lo capturan entregándolo al brujo/mago del pueblo. Este sanador decide sacrificar a Milú a fin de “arrancarle el corazón para dárselo a un niño enfermo” y así al curarlo reforzar su prestigio ante el pueblo. Milú es rescatado a tiempo por Tintín, el descubridor y el amistoso cacique arumbaya.

Es evidente que la intensidad de las vivencias de los personajes secundarios agrega dramatismo a las aventuras que protagonizan los personajes centrales, sus dueños. Lo que resulta significativo es lo que sucede cuando estos personajes secundarios, pertenecientes al mundo animal e inanimado, son tratados como humanos por la otredad de la narración. Este detalle, en nuestra opinión, tiene por objetivo transmitir al lector un mensaje relacionado con las características adjudicadas a esa otredad representada. Analizamos algunos aspectos de la situación:

El hecho de que tanto los arumbayas como los iroknizen coincidan en adjudicar similar protagonismo a un perro y a una muñeca de trapo constituye un sutil mensaje al lector sobre la manera en que esa otredad concibe el mundo. En el universo de la historieta, que habíamos señalado como un lugar común compartido con los lectores promedio, queda sobreentendida la premisa de que tanto Milú como Schanulleke no pertenecen al mismo universo que Tintín, Suske y Wiske. Pese a que se les adjudica opiniones, a que Tintín “dialoga” con Milú o que Wieske siente intenso apego por Schanulleke, la línea que divide a humanos y animales/seres inanimados no llega a alterarse. Ni Milú deja de ser un leal perrito de compañía ni Schanulleke adquiere rasgos humanos gracias al cariño de Wieske. Los habitantes originarios, sin embargo, parecen poseer cierta inocencia o candidez –por no decir incapacidad– que explicaría su imposibilidad de comprender el principio fundamental. Ellos adjudican a los personajes secundarios la misma agencia que a los seres humanos. Una vez desdibujada esa frontera fundamental, Schanulleke y Milú se elevan al rango de humanos, por lo tanto son atacados, secuestrados y se intenta sacrificarlos, compartiendo así, por igual, el destino de sus dueños.

Similar observación podemos encontrar en los documentos coloniales cuando los primeros viajeros describían en las Crónicas de Indias, las características de los naturales americanos. Esa supuesta inocencia, que ellos denominaban pobreza, en el sentido de carencia, reforzaba su posicionamiento en las antípodas de un mundo occidental que monopolizaba el conocimiento, el avance tecnológico, la comprensión de lo religioso y el arte de la guerra. Este desequilibrio en el encuentro entre dos culturas en lugar de definirse en términos de diferencia se solucionó adjudicando calificativos de retraso, ignorancia o paganismo a todo aquello que simplemente no le era familiar al mundo occidental.

Volviendo a las historietas, el rescate de Milú y Schanulleke refuerza el heroísmo de los protagonistas –su cariño, su emocionalidad, su apego por sus fieles acompañantes–, reforzando así categorías y valores que funcionan como señas de identidad de universos diferentes. Por ejemplo, el rescate de Schanulleke sucede con la ayuda de las madres indígenas que al enfrentarse al curandero dicen: “Waugh, ¡Toe-Bib olvida que la muñeca mágica ha salvado a nuestros niños!”. Y luego, al entregar a Schanulleke: “Toma, Wiske, solo las madres están en condiciones de detener la violencia”. A la lista de imágenes negativas que identifican las intrigas del curandero, se le agrega –como detalle informativo nada sutil hacia el lector– el calificativo de violencia para redondear la construcción del personaje de Toe-Bib. Si de informar al lector se trata, sorprende sin embargo la ausencia de todo comentario aclaratorio sobre el hecho de que las madres que rescatan la muñeca lo hacen siguiendo una premisa esencialmente falsa: siguen convencidas que Schanulleke posee poderes curativos. La importancia de esta observación se torna aún mayor al leerla en combinación con otro detalle de la historieta. Al iniciarse la aventura, Wiske está preocupada porque le parece haber escuchado hablar a Schanulleke. Un detalle que claramente diferencia los mundos a los que pertenecen quienes consideran a la muñeca un ser vivo y quienes, pese a quererla mucho, mantienen la convicción de que ella será siempre un ser inanimado. Al final de la historia, leemos la aclaración: la tía Sidonia confiesa haber colocado un micrófono en la muñeca para divertirse a costa de Wiske. Se impone el orden en el universo de la historieta, triunfa la razón, quedando sin mayor elaboración la existencia de un universo habitado por iroknizen y arumbayas, donde sí se considera a una muñeca como responsable de una curación.

Este universo donde habitan las otredades parece ser también el espacio donde se concentran los personajes identificados con valores negativos como la codicia, la envidia, la malas intenciones o la intriga, lo cual los ubica en un escenario opuesto a aquel dominado por las bondades representadas por los protagonistas centrales. Las dicotomías, característica de las historietas, refuerzan este efecto de buenos frente a malos. Podría, sin embargo, agregarse otra interpretación.

El relato de la historieta describe cómo Milú y Schanulleke, pese a no compartir la condición humana de sus dueños, participan, colaboran y refuerzan las aventuras de los héroes y ello hace que los valores, patrimonio característico de los héroes, se extiendan y se les apliquen también a ellos. Los arumbayas e iroknizen, por su parte, al pertenecer a un universo de valores opuestos e incluso agredir a los héroes, se ubican en un nivel inferior, no solo ante los héroes, sino también ante Milú y Schanulleke. Los habitantes originales no solo no comparten los valores que caracterizan la condición humana positiva, de la cual los héroes constituyen el modelo, sino que una esencia fundamental sufre una alteración. Al margen de su bondad o maldad, su condición humana debería permanecer incuestionable. Al margen de su otro color de piel, su otro idioma, sus otros valores y costumbres, en teoría tendrían que seguir compartiendo la condición humana con Tintín, Suske y Wiske. El triunfo de los personajes secundarios, que aparentemente podría ser una estrategia narrativa para resaltar la acción de los personajes centrales, equivale así a la disminución de una categoría esencial de las otredades, con la cual no debiera ser posible transar: su condición humana.

Los cómics basan la simplicidad de sus narrativas en la presentación de dicotomías –lo bueno frente a lo malo, lo bello frente a lo feo, lo conocido frente a lo extraño–, categorías destinadas a intensificar el reconocimiento del público al forzarlos a identificar construcciones culturales que muestran la cotidianeidad. La imposición de ciertos modelos o propuestas desconociendo la multiplicidad, la variedad o la convivencia de modelos diferentes es lo que ubica a muchas historietas en la zona de la discusión y el debate. Resulta cada vez más impensable participar en el ejercicio de la representación de personajes, escenarios o prácticas culturales sin contar con la emergencia de contrapropuestas. Quienes pertenecen a los universos de las otredades representadas han tolerado por mucho tiempo la estereotipación a que han sido sometidos, sin embargo, esta situación parece haber llegado a su fin. Características identificatorias que antes parecían pertenecer al saber universal han sido histórica y científicamente revisadas, cuestionadas e incluso corregidas. Si hubo un tiempo en que era posible retratar a ciertas comunidades periféricas de manera sencillamente deplorable generando diversión, en la actualidad menudean ya las protestas reivindicatorias y las voces se elevan consistentemente. Al mismo tiempo surge el peligro de que, tras una marginación por tiempo tolerada, al surgir la protesta esta escale llegando a extremos, como lo indica la reciente quema de historietas de Tintín y Astérix en Canadá4.

Un proverbio chino menciona el efecto mariposa: una tira cómica belga consagra la victoria de un perrito y una muñeca tras su confrontación con iroknizen y arumbayas, desatando al otro lado del mundo la quema de historietas esperando que las cenizas aplaquen la ira y el dolor de las otredades históricamente postergadas. Finalizamos como muchas historietas: ¡PLOP!

1 La referencia recuerda a los iroqueses, habitantes originales norteamericanos pertenecientes a la poderosa Liga de Cinco Naciones. Habitan el norte del actual estado de Nueva York y llegaron a extenderse hasta el sur de Canadá.

2 Nota aparte merece la reacción de Lambik, que luego de la sorpresa inicial pasa a la burla para finalmente iniciar activamente una campaña a fin de eliminar un sistema que él considera desacertado. Lambik es el personaje encargado de hacer reír en la serie. Su brusquedad, lentitud de entendimiento y atrevimiento se unen a sus bromas para divertir al lector. Todo ello no impide que ocasionalmente  muestre valentía y gran bondad.

3 La nacionalidad shuar, comunidad indígena que habita la zona selvática fronteriza de Perú y Ecuador, es también conocida como jíbaros, una españolización de šiwar, denominación que ellos consideran despectiva. Son famosos por su resistencia exitosa ante todo intento de dominación, inca o hispano. La imagen temible sobre ellos se debe a una práctica ancestral de guerra: la reducción de cabezas.

4 https://www.elmundo.es/cultura/comic/2021/09/09/6139fc0fe4d4d8883a8b45fb.html

Adriana I. Churampi Ramírez es profesora de literatura latinoamericana en la Universidad de Leiden. Investiga las estrategias de (de)construcción y los cambios en la representación de «lo indígena» en narrativa, documentos coloniales e historietas sobre la zona andina. Es autora de Heraldos del Pachakuti. La Pentalogía de Manuel Scorza (Almenara, 2015). Desde septiembre del 2021, es además miembro del Comité Directivo del proyecto «Investigación sobre el cómic y la novela gráfica en el área cultural ibérica», una acción COST (European Cooperation in Science and Technology) dirigida a la promoción, difusión y formación de redes de investigadores sobre los comics ibéricos.

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