Perderse en el bosque

María José Alemán

1

El tiempo transcurre hacia los objetos. Se desliza entre los muebles y la ropa para posar su instante. Visita la mesa como una mota de polvo, se apoya en el perchero, saluda a la taza con los labios y a la mano que la toma. El tiempo se traslada vecino a la carne.


Un cuerpo se asoma a la ventana y presencia cómo el tiempo, también, acaricia a los árboles.

2


Un desierto cae para el silencio.


Una se calla y luego viene el eco. No hay palabras con las que salir, ni recuerdo, solo el erial y el espíritu que lo guarda.


Un desierto que nace justo en la puerta y no permite elegir burlarlo o entrar de lleno es un acuerdo con la sed y el silencio.


Palabra ninguna abre.

3


Se tarda en urdir lo que te sostiene. Aunque soy mi araña por ser, también, mi insecto, nunca aprendí a sujetar bien el verbo cuando aferrar no era humo y confiar no trampa.

4


Una que hace que piensa cree que pensar es lo que siente. Una sombra se agita detrás de las cosas como una mueca que, a veces, es oblicua; otras, extraña, por no saber explicar la impronta, la huella, la llaga.


Pero ¿encuentro la manera de conocer si no hay palabras? Ellas me quitan la razón.

5


Pienso en la literatura de un sombrero, el tocado con el que pienso. Describo, luego, con una fina línea de conocimiento, cuánto ignoro, pero creo saber. Me descubro.


Respiro tinta que quiere decir agujero. Lo tapo con la palabra.
Desconozco lo que estoy aprendiendo.

6


Perderse en el bosque. Desaparecer en la rutina. Diluirse en el mar, como en el otro. No hay distancia entre la piel y el árbol, entre la aguja y el cuerpo, entre el agua y el hueso. Es la palabra la que inventa un yo, ese humo.

7


Aquí quedó aparcado este poema. Desde el tiempo en que escribías lo que ahora niegas. La otra, que vive mientras y te conoce, sabe cómo poner fin.

8

El nombre, sobre cada fragmento de la apariencia, teje la túnica que cubre lo puro.

*
Debajo de su apariencia duerme la flor.

*
La sonrisa es la boca que dice ven a los ojos.

*
El cuerpo se queda atrás cuando me muevo. ¿Quién es la que se mueve si no hay cuerpo?

*
Los pensamientos son los surcos donde luego camina el gesto.

*
A la palabra precisa se le ha despojado de todo.

*
La ola llega a la orilla para hacer el mar.

María José Alemán Bastarrica (La Laguna, 1967) Escribe poesía y aforismos. Premio de poesía “Ciudad de La Laguna” 1985. Publicaciones: Plasmario y Mirador, Ayuntamiento de La Laguna, 2005; Una familia completa, Idea, 2009; Desaparecer es empezar en otro sitio, Fundación Mapfre Canarias en Letras, 2015; Nada de lo que puedo ofrecer me pertenece, La Palma, 2018. Ha coordinado la sección de literatura del Ateneo de La Laguna. Aparece en la antología Poesía canaria actual (a partir de 1980), de Miguel Martinón (Idea, 2010), en la antología Poesía canaria actual (1960-1992). Edición y selección de Cecilia Domínguez Luis (La manzana poética, 2016) y en la Antología de poesía hispánica contemporánea, traducida al griego por Ati Solerti y publicada por la editorial vaxkikon.gr. Durante doce años estuvo al frente de la librería de segunda mano La Sala de Máquinas, ubicada en la asociación cultural del Café 7, en La Laguna (Tenerife).

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