A (De) la Ana

Estelí Puente Beccar

Un sendero solo de pena y silencio. A él le pregunté por qué estaba ahí y me contó que era árbitro de fútbol y que el sábado habían jugado un partido y que habían ganado los obreros a los militares y que como él había sido el árbitro lo habían encerrado. Pero a él no lo golpearon. Me agarraron presa por primera vez. Me agarraron presa por segunda vez. Con un sello rojo para no volver y volvíamos. Y volvemos. Aquí estoy, a tu lado, sin permiso. Verdeclandestina como el musguito, como el mar. Los recuerdos de la cárcel son siempre tristes. Esa vez me dijo, mejor se entrega niñita. Hoy me entrego otra vez, como tantas veces más lo he hecho. Me golpeas porque no sabes y por eso te cuento. Me golpeas con tu recuerdo vacío, por eso te doy el mío cuando te doy la mano y mis ojos. Yo te cuento, porque en esa cárcel murió mucha gente. Yo recuerdo porque en sus cavernas desaparecieron muchos. Siempre muchos. Siempre demasiados. Yo te cuento. Te cuento para que no lo olvides más y para que me hagas parte del recuerdo tuyo y me des la mano y un beso y quizá alguna noche soñemos el mismo sueño de dolores viejos. Veo el mantel, sus hilos y los violetas y naranjas que lo atraviesan, son serpientes color flor. Veo el mantel porque no puedo cerrar los ojos y no quiero mirarte. Estoy perdida en el tiempo, en tu cocina. Tu cocina y tus fotos y tu música. En cada cuerda de la guitarra que huele a violeta y naranja, como las floreserpiente. La canción que sigue, infinita y dulce y azulamarga.

Te decían la ley de la fuga. Te baleaban por intentar escapar porque querían matarnos una a una y a balazos. Hacia el cerro y en el cerro verdemar. A las que no nos mataron nos golpearon, a veces hasta que ya no se levantaban y así se ahorraron la bala y la ley. Pero no llorábamos. No pues, no llorábamos. Yo no lloré. Yo te cuento y es porque no se puede. Las lágrimas no salen porque las agarra la rabia. La rabia sale. Sale y golpea mientras es golpeada. Ahora tú nos vas a enseñar a hacer bombas, mierda. Y la rabia mierda sale y se queda fuera hasta que le amarran las manos detrás de la espalda y la dejan en el piso añiloscuro, sin poder abrir los ojos de tanta lágrima acurrucada que se quedó dentro. Es la rabia la que hace que aguanten todo. Yo te cuento y es la rabia. Y es porque creemos que podemos cambiar el mundo. Tú también. Tu mantel y tu canción que no es la de viento y de sal, pero que es canción y es canto y es tuya y es nuestra. Después lloras. Cuando los años pasan y sigues triste y lloras. Ella llora y llora y llora y yo le digo que tiene que ser fuerte, como cuando creíamos. Como una voz antigua. Yo no sé si el mundo ha cambiado, pero cambiamos todas, aunque ella y otras murieron poco después. Algunas de pena, otras de frío y pena, otras de dolor y pena, otras de viejas y de pena, otras con el corazón quieto porque se nos terminó la rabia acumulada, arrulladas en el canto, y ni los médicos ni tú supieron entenderlo. Yo no quiero mirarte, ni a tus fotos, ni a tu ausencia, ni a la música. Miro el mantel y las floreserpiente porque no quiero verte. Dejo de quererte porque no estás. Dejo de quererte por los silencios que le haces a la canción que no termino de escuchar.

La Alfonsina estaba del otro lado de la pared, una y otra vez, en su balsa de vinilo, una y otra vez, bajo el mar, bailando e inmóvil. Una y otra vez en su canción, trayendo el miedo de los ojos vendados, de la rodilla en la espalda, de la hebilla del cinturón que se convierte en una tabla cuando dejas de sentirla y tu piel de esponja y sus manos eligen cambiar el golpe. Un golpe por otro, una y otra vez, una hora y otra y otra. Son las tres de la mañana y ya no sientes ni la hebilla, ni la tabla, ni los ojos, ni la espalda. Sólo sientes sed. Es que cuando te golpean te da sed. Todas teníamos tanta sed. Y todas tenemos esa canción que están cantando esta noche y que se quedó en el fondo oscuro de la historia en la que nos encerraron, donde nos quitaron el nombre que hoy ya no llevamos ni en los collares, ni en las caderas, ni en el cabello, ni en los pies, ni míos, ni nuestros, ni tuyos. Ni siquiera en nuestros besos. Esa historia violetaoscura, la nuestra, que es como las alacenas en las que nos encerraron que estaban y están debajo de las escaleras. Tres días, cuatro días, cinco días. O de pie o sentada, o sentada o echada. Locamente sola y fría y sola. Vestida de mar. Seis escalofríos, uno por cuerda, en esas alacenas que están vacíasblancas de olvido y tiempo.

Cierras los ojos con los míos. Los abrimos y están ahí. Rojosfuriosos, encandilantes. Se llevan todo, cada palabra, cada sonido, cada guitarra. Se llevan todo y tú y yo y nosotros todos nos quedamos solos y vacíos. Olvidados y olvidando. Suenan los vidrios rotos y por primera vez, de nuevo, olvidamos el viento y pensamos en herida y en dolor. Mi nombre, Alfonsina. A ella la dejan cantándose una y otra vez y para siempre. Sola y violada y golpeada. Con el corazón marcado por tanto escupitajo de hombre sobre su nombre de mujer. Y queman todos los libros. Queman los libros y los recuerdos. Los libros y los tambores y la palabra libertad que he olvidado cómo se escribe y cómo suena. Valienteyeternalfonsina. Así suena, pero sin mar. No sabes cuándo comenzó el sendero solo, de penas mudas, ni sabemos cuándo va a terminar. Y aprendes a no creer en nadie. Nunca más des tu nombre y luego respires y olvides. Nunca más porque no sabes quién está contigo y quién no. Dan tu nombre y eso es suficiente. Por lo menos por mí nadie ha caído, nadie puede decir que cayó por mi culpa. Por eso te doy la mano y guardo tus caricias y me quedo con mi nombre de este lado de las floreserpiente y del mantel. Yo era la Juanacha. Él era el arbolito, porque era chiquitito y despeinado. Mi nombre, hoy, es otro y ayer dejó de serlo. Nadie supo entenderlo, ni tú. Yo quiero contarte, pero todo ha vuelto y seguirá volviendo siempre y en todas partes, porque no nos dejaron decir lo que tenemos miedo de decir y nadie nunca supo y ni siquiera tuvo que olvidar. Si te vas, que sea con mi soledad. Yo me he ido, como en sueños, dormida.

Estelí Puente Beccar nació en Bolivia en 1986. Hizo la maestría en Estudios latinoamericanos en la Universidad de Leiden y está cursando el doctorado en la Universidad estatal de Ohio, Estados Unidos. Su trabajo de investigación se ha centrado en el patrimonio cultural como instrumento político, en la construcción de identidades mestizas en Bolivia y en los imaginarios en torno a la infancia en la zona andina.

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