Los ”Wunderkammer”, armarios oníricos de Hans Op de Beeck

“Cabinet of curiosities” en Galería Ron Mandos, 8 de septiembre-27 de octubre de 2018

Arturo Desimone

Construir generadores de fantasmagoría: esto parece ser el efecto buscado por el escultor, artista contemporáneo y cineasta belga Hans Op de Beeck con su instalación Cabinet of curiosities (Gabinete de curiosidades), exposición individual en la Galería Ron Mandos en Ámsterdam. Hans Op De Beeck (Turnhout, 1969) expuso el año pasado sus obras en los museos alemanes de Leverkusen y Wolfsburg y en el italiano Pino Pascali, en Polignano a Mare. En la muestra Cabinet of curiosities nos revela un mundo cubierto de cenizas, como si hubiese estallado el volcán de Pompeya sobre el Benelux, petrificando en grises su sociedad pequeñoburguesa, para que los visitantes puedan luego contemplar cómo vivían los curiosos habitantes de un mundo de interiores domésticos incoloros.

La serie de instalaciones, pintada en la galería del mismo gris monocromo que las obras, busca la re-introducción al mundo contemporáneo de la idea del Wunderkammer, “cuartos de maravillas” o “gabinetes de curiosidades”, concepto renacentista y barroco que hacía referencia a las colecciones de curiosidades y objetos asombrosos recopilados durante viajes de exploración o rescatados de los incipientes laboratorios científicos.

 

Cabinet.png
Vista general de la exposición (Cortesía de Galerie Ron Mandos, Amsterdam. Copyright © del artista).

¿Que podría constituir un Wunderkammer? Una tienda o colección privada en Nueva York donde se pueden admirar animales exóticos disecados, con bolas de cristal y otros objetos, o un garaje lleno de motores perpetuos, constituyen algunos ejemplos modernos del fenómeno Wunderkammer. Piénsese en Alicia en el país de las maravillas, o en la feria en la ciénaga de Macondo en Cien años de soledad, cuando el niño y futuro coronel Buendía ve el hielo por primera vez en el espectáculo del gitano Melquíades. Piénsese en el armario mágico que esconde un pasaje al país encantado de Narnia en los cuentos de C. S. Lewis. El Wunderkammer renacentista fue también un modelo para los mayores pintores de la escuela flamenca, como Jan Van Eyck, que pintaba cuartos repletos de objetos y animales para representar alegorías morales sobre la decadencia y la futilidad de la vida. Solo que el Wunderkammer posmoderno del belga se distingue de la tradición en un aspecto aún más importante: los de Op de Beeck carecen del humor que hallamos en los “armarios encantados’’ de los siglos pasados. Si tradicionalmente el Wunderkammer comunicaba un cierto sentido de ocurrencia y maravilla infantiles por el descubrimiento de nuevos y deslumbrantes horizontes, los solemnes armarios de Op de Beeck comunican más bien la insensibilidad o el entumecimiento propios de una necrópolis posmoderna.

En la parte delantera del Wunderkammer embrujado de Op De Beeck vemos a un niño tendido sobre un diván lujoso y enorme. Después, un armario suntuoso, transparente, que contiene a un muchacho calvo como debido a la quimioterapia. El muchacho parece levitar, sostiene una bola de cristal en la mano, y un colibrí flota suspendido cerca de su calavera rapada.

Otro armario, “Wunderkammer 8”, contiene dos títeres tradicionales indonesios, los wayang, colocados entre juguetes y objetos europeos y mariposas grandes (quizás sean los muñecos wayang los verdaderos titiriteros, manejando a las mariposas y al público). Op de Beeck estudió el arte del títere de Indonesia, donde se atiende al concepto de originalidad, pues cada muñeco wayang debe siempre poseer rasgos únicos, lo que resulta contrario a la idea común en Occidente de que el arte oriental no conoce el valor de la originalidad, supuestamente producto del romanticismo europeo. Al mismo tiempo, en Indonesia cada títere usado en obras de teatro y de sombras tiene otro significado alegórico, como si se tratara del “alma del títere”. El artista belga construyó sus propios wayang para esta exposición.

Mybed
“My bed a raft, the room the sea, and then I laughed some gloom in me” (cortesía de Galerie Ron Mandos, Amsterdam. Copyright © del artista).

La obra más impresionante de la muestra, y quizás la más didáctica y desnuda en su mensaje político, sería My bed a raft, the room the sea, and then I laughed some gloom in me (Mi cama una lancha, el cuarto el mar, y luego me reí de cierta pesadumbre en mí). En ella, una niña europea duerme en una cama construida sobre una balsa de maderas y harapos para poder flotar en mares turbulentos. Por otra parte, varios Wunderkammer muestran balsas como hechas a mano por gente desesperada, naúfragos. ¿Es posible que estas esculturas aludan de manera críptica a la crisis de los refugiados? Se tratará de una burla hacia el comprador, posiblemente: alguien que cree poder entrever una fantasía de Crusoe para adornar su living mientras soslaya, miope, el mensaje sobre la crisis marítima de la humanidad entregada a aguas amargas. Así, una parte de Europa prefiere mantener su sosiego, en una soñada paz de la que nuestra época adolece.

Con todo, los Wunderkammer atienden también a esa dimensión de sosiego: en su silencio parecen emanar canciones de cuna y cuentos de hadas recitados para conjurar el sueño. En la sala suena música electrónica, tecno minimalista compuesto por el propio artista con ayuda de un ingeniero de sonido y minimalista también en el sentido de lo ínfimo. Los sonidos de la música ambiental, en tonos bajos, llevan a una asociación con el vientre materno, algo tibio y placentero.

Posiblemente, la música juega un papel excesivo en la muestra y las estatuas de esta Pompeya del siglo XXI serían más eficaces en dar una visión de lo espantoso y de la inquietud moral en un silencio de catedral. Las estatuas son, principalmente, muebles hechos de materiales livianos: plásticos industriales sintéticos y maderas, todos monocromos. Durante la exhibición, la galería se convierte con éxito en una casa embrujada de la Atlántida.

Ron Mandos también representa a Inti Rubén Hernández, artista cubano residente en Ámsterdam, quien, al igual que Op de Beeck, ha perfeccionado el arte de combinar su fabricación de piezas de mobiliario –sobre todo sillas y mesas– con una interpretación sociológico-filosófica. Sin embargo, Op de Beeck genera una obra en la cual no resulta posible sentarse, y esto constituye la diferencia imprescindible entre su obra y la comodidad relativa de los muebles filósofos de Inti Rubén Hernández. Op de Beeck busca conscientemente inscribir su pertenencia dentro de la madera de la historia del arte holandés, haciendo referencias al pensamiento y la tradición flamenca, a la vez que comentando sobre la fantasmagórica conciencia moral de nuestra época. Los referentes de la historia del pensamiento holandés son los interiores burgueses de Johannes Vermeer y su uso de la camera oscura, es decir, la interioridad y el auto-reflejo dentro de la domesticidad; al mismo tiempo, encontramos menciones a la cultura de la antigua colonia neerlandesa Indonesia en los wajang cubiertos de cenizas.

Por último, entre los armarios mágicos fluye la histórica paranoia que pudo influir en

Wayang
Muñecos wayang (cortesía de Galerie Ron Mandos, Amsterdam. Copyright © del artista).

gran parte en la conciencia religiosa del pueblo holandés, formado en su respuesta a las amenazas acuáticas por inundaciones del mar del Norte. Si el esfuerzo colectivo de las tribus germánicas era establecer una tierra firme artificial, los Países Bajos, y llenarla de prados y viviendas, su misión se dio por cumplida. Sin embargo, el temor ante la amenaza de inundaciones ha definido la conciencia calvinista en Holanda, secta cuyo espectro aún permea la cultura laica del país. Durante la Reforma protestante, el diluvio se interpretaba como un castigo divino, una cuestión teológica que solo pudo ser superada con el trabajo de ingenieros y la tecnología de los super-diques: es decir, lo que no pudo lograrse con rezos y fe, pudo alcanzarse gracias a la arquitectura naval y a la conducta honesta entre acreedores, que proveyeron de fondos para la realización de estas obras civiles.

Y es por todo ello que no es una casualidad que Hans de Beeck, un “beneluxiano” procedente del sur de la confederación mercantil de los Países Bajos, estuviera exponiendo su gran obra de video Sea of Tranquility (Mar de la Tranquilidad) en el Museo Naval de Ámsterdam, al mismo tiempo que la muestra individual de la Galería Ron Mandos tenía lugar el pasado otoño.

 

Arturo Desimone (1984) nació en la isla de Aruba en una familia de exiliados de Argentina, Polonia y Rusia. A los 22 años emigró a Holanda (donde residió por 7 años y donde expone sus dibujos) antes de hacer unas largas estancias en Argentina. Sus poemas, cuentos (en inglés) y artículos sobre política y arte han sido publicados en revistas literarias de Estados Unidos, el Caribe e Inglaterra (Drunken Boat, New Orleans Review, Small Axe Salon). En 2017 publicó la plaquette bilingüe Cartas a Carlos Marx y otros poemas  en el editorial peruana Hanan Harawi. Próximamente se publicará su poemario Poems of the Costa Nostra / Mare Nostrum en Inglaterra.

1 Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.