Anti oda a una micro

Natassja de Mattos

 

Avenida Grecia, Peñalolén, Santiago de Chile

20 de marzo de 2019

 

Hoy me subí a la micro y no me puse los audífonos.

Eso obviamente no es casual.

Significa, por lo bajo, que el buen humor que traigo se me hace inquebrantable.

Usar audífonos en la micro no se debe necesariamente a lo mucho que disfrutas la música, ¿sabes?

No se debe al amor por la música, ni al amor por una banda en particular, una canción en particular o una radio en particular.

Puede tener algo que ver con eso, claro, pero no es todo.

El todo tiene mucho más que ver con aquellas cosas de las que buscas abstraerte arriba de una micro.

Me refiero al ruido del motor, por ejemplo.

El ruido ese que se te hace malamente felino. Ese que parece un rugido al partir la marcha, un maullido agudo y desafinado al frenar y un ronroneo afónico al estar detenido.

Me refiero también al pitido de mierda que pide la próxima parada, al bruto golpe seco de la apertura de puertas y el aún peor estruendo de su cierre que, por lo demás, se cree guillotina.

Aprovecho de recomendarle que tenga usted precaución con el cierre de las puertas, pues puede terminar perdiendo algún miembro. O peor aún, la cabeza.

Me refiero a la orquesta mal dirigida de las conversaciones ajenas, todas a destiempo pero ocurriendo al mismo tiempo, produciendo un barullo ensordecedor que no permite el libre vaivén del propio pensamiento.

Me refiero a esa risa estridente de alguien que va un poco más allá, que por un momento creíste que era llanto, pero te equivocaste, era risa. Del peor tipo.

Me refiero a esa conversación que sí sobresale del resto, la que justo protagoniza ese berenjena que piensa políticamente desde el polo contrario al tuyo, te hace bullir la sangre y te dan ganas de pararte sobre el asiento y convertir la micro en asamblea. Y aunque te duela admitirlo, una no tan democrática porque quieres que ese se calle de una vez.

Me refiero, por sobre todas las cosas, a esa guagua de adelante que lleva unos quince minutos llorando y tú no entiendes cómo tiene la energía para mantenerse tan firme en su posición. Todo lo demás desaparece y tú te preguntas qué carajo puede haberle pasado a esa guagua para llorar con tal amargura. La habrán despedido del trabajo, le habrá roto el corazón el amor de su vida, habrá superado el cupo de su tarjeta de crédito…

Si te subes a la micro sin audífonos es porque crees que tu buen humor puede salir ileso frente a todo eso y yo hoy, para ser honesta, estaba rotundamente equivocada. Ahora esa árida, casi desértica Avenida Grecia donde pega el sol más aplastante que si se tratara de un chaparrón de agua, parece el paraíso frente a lo que se vive aquí arriba…

¡Paren a esta bestia! ¡Que me quiero bajar!

 

Natassja de Mattos (Santiago de Chile, 1991) es politicóloga especializada en análisis cultural, comunicación social y educación. Ha realizado investigación en diversos asuntos culturales, es profesora y se dedica principalmente a temas de género desde el feminismo, en tanto disciplina teórico-metodológica y movimiento social.

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